MANÍ

75,00

Si tuviéramos que situar en una línea de tiempo la edad de las semillas, la lechuga sería la primera: ya le puede poner empeño a la cosa que, si nadie lo remedia, a los 75 años, adiós muy buenas… En el extremo opuesto se encuentra el sorgo, que apenas necesita de cuidados para mantenerse en condiciones ¡19.000 años! ¿Y el guisante, dónde lo ponemos? “¿Este de aquí?” -exclamó el biólogo de Svalbard- “en los dos mil años.” “¿Dos mil?” -nos miramos con incredulidad-. “¡Pero si eso es una eternidad!” Y esa idea, la de una pieza diseñada para toda la vida, es la que inspira este pendiente. ¿No dicen que una joya además es para siempre?

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